Cuando el fin del mundo se inundó…
Hoy estuve en el fin del mundo, o por lo menos en el fin del mundo para miles de personas.
Los ríos se desbordaron en Tabasco, no ha dejado de llover en semanas y una de las peores catástrofes en nuestro país se desarrolla frente a mis ojos. Como tantas veces el periodismo me llevó hasta este lugar, otra vez he sido testigo del sufrimiento de miles de familias.
El ochenta por ciento del Estado está bajo el agua, se calcula en más de medio millón de damnificados que tuvieron que dejar sus casa, que lo perdieron todo y ahora viven en albergues, unos al lado del otro, soñando que las cosas mejorarán, que todo pasará pronto.
Lo primero que me impresiona es la tranquilidad de la gente para aceptar la pérdida. a todos los que les he preguntado por su casa y la han perdido responden sin coraje, en una respuesta casi nostálgica, pero sin dolo. Será que este pueblo está más preparado que otros para aceptar las pérdidas?.
En cuanto llegamos nos dirigimos al centro, donde el río Grijalba había tomado todo el primer cuadro, decenas de calles convertidas en ríos sin sentido, cientos de casas que se convirtieron en solo cascajo de un momento a otro, dejando encerrados los recuerdos y las vidas de quienes las habitaron, miles de personas que tuvieron que caminar con el agua más arriba de la cintura para sobrevivir.![]()
Entender la tragedia no es fácil, pero lo es menos cuando esta tragedia te queda lejos aunque estés en el lugar mismo de los acontecimientos.
Volamos en un helicóptero de la marina a una comunidad que se quedó aislada por el desborde de dos ríos. Cientos de personas que levaban tres días incomunicados, sin comida ni agua. el helicóptero llevaba despensas y agua potable, muy pocas para el inmenso número de personas que esperaban algo con que sobrevivir.![]()
Pero fue de regreso, cuando el helicóptero despegó con unas treinta personas para ser evacuadas, entre esas treinta personas había prácticamente puras mujeres y niños que rompieron a llorar en cuanto el helicóptero despegó.
Lloraban con un llanto amargo, miraban por la ventanilla y veían cómo el lugar donde estuvo su casa, hoy era solo agua, veían como se les borró su historia y, seguramente, también su futuro en una sola tarde. los niños son los que más lloraban, no entendían cómo es que todo cambió tan rápido, y así se despedían de lo que hasta ese momento fue su mundo.
Villahermosa,Tabasco noviembre 3,2007.

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