Haití se ha cruzado dos veces en mi camino, las dos por cuestiones periodísticas, pero nunca ha dejado de sorprenderme.
La primera vez estuve en Haití para cubrir una guerra civil, el enfrentamiento entre los rebeldes del norte contra el gobierno y la posterior caída del presidente y sus instituciones. Entonces vi un Haití desecho socialmente, sin oportunidad de crecimiento y sin rumbo político y social. Haití en ese entonces me parecía un país perdido en el tiempo en el que la sola idea de futuro era impensable y la condena era la pobreza.
Seis años después un terremoto devasto al país, la noticia corrió por todo el mundo a una velocidad impresionante, entonces Haití se volvió nuevamente, una realidad a la que había que recurrir.
El aeropuerto de Puerto Príncipe no era una opción de llegada pues todos los vuelos comerciales fueron cancelados, así que la ruta obvia era llegar por tierra desde Santo Domingo. En el mismo aeropuerto de Santo Domingo conformamos un equipo con otros periodistas de Israel, Estados Unidos, Vietnam y nosotros, así que contratamos un auto y nos fuimos en un viaje de seis horas hasta la frontera.
La frontera entre República Dominicana y Haití es un lugar sórdido, en realidad solo es una reja que se corre para quedar abierta a la voluntad de un oficial haitiano, quien es el dueño del destino de quien quiere pasar. Hace seis años esa fue mi puerta de salida de Haití después de dos meses de cubrir el conflicto, en ese entonces fue una experiencia aterradora de corrupción y chantaje, y ahora esa misma frontera sería mi puerta de entrada.
Llegamos a la frontera cerca de las dos de la mañana pero hasta ahí podía llegar el coche que rentamos, varias veces el chofer nos había advertido que por ningún motivo, y por ninguna paga, pasaría esa frontera, así que tendríamos que encontrar otra forma de llegar.
La primera gran coincidencia fue que a unos metros de ahí se estaban agrupando las fuerzas de la Defensa Civil Dominicana, un grupo de voluntarios muy bien organizados que estaban listos para partir hacia la zona del desastre, con ellos nos fuimos al día siguiente en cuanto salió el sol y la frontera se pudo cruzar de manera más segura.
Entre República Dominicana y Haití nunca ha habido una buena relación, incluso han estado al borde de la guerra, pero ese no era el sentimiento en el campamento dominicano, por el contrario solo se hablaba de ir a ayudar. Después de que nos advirtieron que tendríamos que pasar la frontera como parte de su grupo y de que nos proporcionaron uniformes como los de ellos, estábamos listos para llegar a Puerto Príncipe.
