Haití 1…

•Enero 28, 2010 • Dejar un comentario

Haití se ha cruzado dos veces en mi camino, las dos por cuestiones periodísticas, pero nunca ha dejado de sorprenderme.

La primera vez estuve en Haití para cubrir una guerra civil, el enfrentamiento entre los rebeldes del norte contra el gobierno y la posterior caída del presidente y sus instituciones. Entonces vi un Haití desecho socialmente, sin oportunidad de crecimiento y sin rumbo político y social. Haití en ese entonces me parecía un país perdido en el tiempo en el que la sola idea de futuro era impensable y la condena era la pobreza.

Seis años después un terremoto devasto al país, la noticia corrió por todo el mundo a una velocidad impresionante, entonces Haití se volvió nuevamente, una realidad a la que había que recurrir.

El aeropuerto de Puerto Príncipe no era una opción de llegada pues todos los vuelos comerciales fueron cancelados, así que la ruta obvia era llegar por tierra desde Santo Domingo. En el mismo aeropuerto de Santo Domingo conformamos un equipo con otros periodistas de Israel, Estados Unidos, Vietnam y nosotros, así que contratamos un auto y nos fuimos en un viaje de seis horas hasta la frontera.

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La frontera entre República Dominicana y Haití es un lugar sórdido, en realidad solo es una reja que se corre para quedar abierta a la voluntad de un oficial haitiano, quien es el dueño del destino de quien quiere pasar. Hace seis años esa fue mi puerta de salida de Haití después de dos meses de cubrir el conflicto, en ese entonces fue una experiencia aterradora de corrupción y chantaje, y ahora esa misma frontera sería mi puerta de entrada.

Llegamos a la frontera cerca de las dos de la mañana pero hasta ahí podía llegar el coche que rentamos, varias veces el chofer nos había advertido que por ningún motivo, y por ninguna paga, pasaría esa frontera, así que tendríamos que encontrar otra forma de llegar.

La primera gran coincidencia fue que a unos metros de ahí se estaban agrupando las fuerzas de la Defensa Civil Dominicana, un grupo de voluntarios muy bien organizados que estaban listos para partir hacia la zona del desastre, con ellos nos fuimos al día siguiente en cuanto salió el sol y la frontera se pudo cruzar de manera más segura.

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Entre República Dominicana y Haití nunca ha habido una buena relación, incluso han estado al borde de la guerra, pero ese no era el sentimiento en el campamento dominicano, por el contrario solo se hablaba de ir a ayudar. Después de que nos advirtieron que tendríamos que pasar la frontera como parte de su grupo y de que nos proporcionaron uniformes como los de ellos, estábamos listos para llegar a Puerto Príncipe.

Haití 2…

•Enero 28, 2010 • Dejar un comentario

Llegar a Haití nunca dejará de sorprenderme, es una experiencia en todos los sentidos, Haití huele distinto, brilla distinto, se oye distinto, sabe distinto, Haití es un mundo totalmente nuevo, que merece ser descubierto poco a poco.

Desde los primeros kilómetros ya dentro de territorio haitiano, pudimos percibir la destrucción y desolación de la gente, comenzamos a ver algunas casas y bardas en el suelo, pero nada nos podría preparar para lo que vendría más adelante.

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Después de tres horas de camino a través de pueblos que se agolpaban en torno a los camiones del convoy, llegamos al campamento dominicano, un parque industrial que era resguardado por los cascos azules de la ONU.

La primera impresión fue ver un hospital de campaña que había montado sobre una calle el ejército dominicano, fue nuestro primer encuentro con el dolor de Haití.

En coches, motos o simplemente caminando llegaban uno tras otro los heridos del sismo. Escenas desgarradoras de niñas llorando ante el dolor, o de adultos resignados ante la pérdida. Fue también el primer encuentro con un olor que nos perseguiría por mucho tiempo: el olor de la muerte.

Así, entre gritos y una pequeña multitud que se abalanzaba sobre las improvisadas camillas, es que los doctores y doctoras intentaban sanar piernas rotas con cajas de cartón, o suturar heridas expuestas sin más recursos que los de un botiquín.

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Inmediatamente partimos con un equipo de rescate a la zona de desastre, entonces nos quedamos atónitos ante la destrucción, calles y calles sin más que escombros, decenas de cuerpos simplemente abandonados en las calles como si los cuerpos no hubieran pertenecido a algún ser querido. Los cuerpos no solo no eran reclamados por nadie, sino que eran abandonados, apilándose junto con el olvido, quizá en un intento por negar la realidad.

Al paso por las calles constantemente éramos abordados por cientos de personas que suplicaban ayuda, que aseguraban que sus familiares permanecían con vida entre los escombros, o simplemente para implorar un trago de agua. El único sentimiento que en ese momento te invade es el de la impotencia, impotencia frente al dolor y la tragedia, pero también es coraje, coraje por la miseria y los años de abandono e indiferencia del mundo frente al pueblo haitiano. La tragedia en Haití se pudo evitar, quizá no el terremoto, pero si la pobreza que condenó a los haitianos al olvido y que los arrastró a la desgracia.

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La labor periodística en esas circunstancias es realmente difícil, en todo Puerto Príncipe no había energía eléctrica, y los rumores de saqueos y asaltos cada vez cobraban más veracidad, a pesar de eso, decidimos pasar la noche en una banqueta, ese sería nuestro hogar por varias noches más, milagrosamente encontramos una conexión a internet perteneciente a una empresa coreana, esa sería la segunda gran coincidencia, éramos los únicos en tener una forma de envío del material en la zona más incomunicada del mundo.

Fuimos a Haití representado a IJS News, nuestra agencia, en nosotros habían confiado los clientes y sentíamos un verdadero alivio de saber que esa misma noche contarían con imagen, que habíamos ganado la primera partida y que IJS News estaba a la altura de los grandes medios a nivel mundial.

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Fue esa misma noche cuando pudimos sentir en carne propia el horror de lo que habían pasado los haitianos, esa noche tembló, una réplica de 6.5 grados que terminó por derribar lo poco que quedaba en pie y por invadir de desesperación a una nación conmocionada y horrorizada.

Durante los siguientes días fuimos descubriendo poco a poco la verdadera magnitud de lo que había pasado, cada paso que dábamos y cada rostro que mirábamos nos hablaba de desesperanza. Si algo ha perdido Haití es la esperanza, se han sumido en un llanto constante que no solo habla de sus muertos, habla también de su fe quebrada, entre los escombros quedo sepultada la esperanza en un mañana. Haití es hoy un pueblo que no le pide nada al futuro, y no lo pide porque a lo largo de su historia aprendió que todo se le ha negado, y no hay motivos para pensar en que algo pudiera cambiar.

Haití 3…

•Enero 28, 2010 • Dejar un comentario

Pero Haití no solo fue desesperanza, por otro lado conocimos de un rostro del mundo que hace pensar que en verdad un día la humanidad podría cambiar las cosas. La ayuda internacional no se hizo esperar, miles de voluntarios de todo el mundo no lo dudaron ni un solo segundo, volaron de inmediato a entregarse de manera incondicional para ayudar, muchos de ellos con recursos propios.

En el aeropuerto se estableció un campamento internacional, ahí había representantes de todo el mundo, el mundo en verdad se unía ante la desgracia del pueblo haitiano, y eso sin duda era un gran aliciente.

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Después de varios días de cubrir la zona de desastre y transmitir desde una banqueta, decidimos trasladarnos a una zona del aeropuerto que servía como centro operativo de medios, y cual sería nuestra sorpresa al llegar y enterarnos que hace tan solo unas horas un grupo desesperado de haitianos habían intentado entrar a esa zona, lo que ocasionó que el ejército de Estados Unidos, quienes controlaban el aeropuerto, evacuaran a toda la prensa hacia el campamento internacional. Fue gracias a la solidaridad de los colegas de Telemundo que logramos salir de ahí y llegar al campamento mexicano, llegaríamos solo para comprobar la mezquindad de las autoridades mexicanas.

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El campamento mexicano estaba organizado por la Secretaría de Marina, y en el momento en que llegamos, la autoridad la ejercían los representantes de la Secretaría de Gobernación. Atrapados en una irracional burocracia y en una corta visón de lo que sucedía los cuerpos de rescate de organismos oficiales como de Distrito Federal o del estado de Jalisco, pasaban los días enteros descansando en el campamento porque las autoridades mexicanos no les permitían salir a ayudar, el colmo fue cuando intentamos entrevistar al equipo enviado por Jalisco, pero inmediatamente un burócrata nos lo impidió y a manotazos nos advirtió que únicamente podríamos entrevistar a la vocero del gobierno, que nadie más tenía autorización para hablar con los medios. Una vez más pudimos comprobar la bajeza e ineficacia de las autoridades mexicanas, quienes después se desvivieron en homenajes a rescatistas que no hicieron nada.

Pero no todo México es así, durante dos noches fuimos alojados en las casa de campaña de los Topos mexicanos, y conocimos la grandeza humana de quienes lo dejan todo por ayudar.

El grupo de topos y otros rescatistas mexicanos aportaron un enorme esfuerzo en medio de la desgracia, lograron rescatar a varias personas y levar consuelo a muchas más, y lo lograron porque decidieron ignorar a las autoridades mexicanas quienes no perdían oportunidad para intentar frenar su labor.

Así conocimos a un enfermero mexicano que viviendo en Puerto Rico vio por televisión las primeras imágenes de la tragedia y sin pensarlo un solo momento, tomo sus ahorros y viajo solo a Haití con la única idea de ayudar.

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Conocimos a los topos quienes no piden homenajes no tratos preferentes, pero que son buscados por la comunidad internacional para las tareas más difíciles. Eso nos llenó de orgullo, y borró la ineficacia oficial.

Durante largas horas en la noche conocí y entendí lo que motiva a esos hombres y mujeres, su forma de ver la vida y de comprometerse, entonces hubo algo de esperanza en medio de tanta tragedia.

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Los viajes enseñan por el lugar al que vas y por las personas con las que viajas, Haití fue todo eso, un lugar que no deja de confrontarte constantemente, y confrontar cada una de las ideas que se tienen sobre pobreza y compromiso, pero Haití también fue una lección por lo que aprendí de la gente con la que viajé y con la que conviví.

Este viaje lo comencé con David, con quién realizamos no solo un excelente equipo de cobertura periodística, sino que me enseño a ver un Haití que no había visto la primera vez. Pero este viaje lo terminé con un buen grupo de amigos que me fueron compartiendo su visión de la vida y de la gente.

Haití está ahí, destruido y sin esperanza, en medio de una gran confusión el mundo intenta ayudar a su reconstrucción pero su peor condena será el olvido… nuevamente.

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Como quisiera…

•Enero 26, 2010 • Dejar un comentario

Si fuera un poema, quisiera ser uno suave,

De esos que se leen por la tarde,

De los que hablan de amor, de entrega

Y si… de los que terminan por hacerte llorar,

En un llanto suave y que reconforta…

Si fuera un poema me gustaría ser uno no muy largo,

No muy rebuscado,

Uno que se recuerde fácilmente,

Y se repita constante,

Me gustaría ser de esos poemas

Que acompañan los días,

Que se repiten casi inconscientemente,

Pero de esos en los que descubres cosas,

Sentimientos, paisajes…

Quisiera ser un poema sencillo, pero profundo,

Casi musical, que inventara una nota

De las que se convierten en canción, casi en estribillo,

Y me gustaría estar ahí,

Acompañando cada uno de tus días,

Si fuera un poema,

Me gustaría que lo leyeras tu…

una mañana…

•Diciembre 23, 2009 • Dejar un comentario

una mañana cualquiera volteo y te veo a mi lado, entonces  la vida cobra sentido y la palabra “futuro” deja de ser una promesa…

aprendí sobre estar juntos…

•Diciembre 6, 2009 • Dejar un comentario

con titulo

Que en esto del amor el poder lo tiene quien quiere menos

una salida…

•Diciembre 2, 2009 • 1 comentario

Dame motivos,

Que odiarte es lo único que quiero,

Dame un pretexto,

Y te maldeciré cada día,

Recuérdame a cada instante esos momentos en los que solo quería olvidar tu nombre,

Hazlo ya,

Por favor, porque tu imagen se convierte en una obsesión,

Porque los minutos se vuelven un eterno recordatorio,

Porque todo me grita que no estás aquí,

Que te fuiste,

Y que quedé atrapado en tu aroma,

En una sonrisa que me persigue,

En un abrazo que se vuelve una súplica,

En ese beso que me condena.

Y no puedo más,

Así que solo me queda odiarte,

Solo puedo intentar, desesperadamente,

Cambiar todo esto por odio,

Dejar de esperarte, aun sabiendo que no llegarás,

Dejar esa espera y cerrar la puerta de una buena vez,

Dejarte fuera,

Gritarte que no hay ya lugar aquí para ti,

Por favor,

Déjame odiarte,

Aunque sé que de nada servirá…

Aprendí del dolor…

•Diciembre 2, 2009 • 1 comentario

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Que llorar sin aprender, es desperdiciar una oportunidad…

Aprendí que el tiempo…

•Octubre 4, 2009 • 1 comentario

imagenes de la alhondiga de san luis potosi del siglo XVI

Aprendí que el tiempo va guardando cada uno de nuestros recuerdos,

Y escoge el momento preciso para recordarnos algo que pensábamos oxidado en la memoria,

Aprendí que eso es la nostalgia, y que será una compañera del final de nuestros días.

confesión…

•Octubre 4, 2009 • 1 comentario

mundos

Siempre comienza igual,

a la hora de construir mundos, sueños, pensamientos,

la historia es la misma.

Todo comienza muy pronto,

juntando ilusiones,

oyendo historias

he inventado otras,

el asunto es que poco a poco vamos formando un mundo aparte,

un mundo con reglas propias

donde existen los sueños,

donde la verdad no es patente de unos cuantos;

un mundo donde los sueños no son mentiras,

si acaso solo eso, sueños.

Supongo que siempre es así,

que todos comenzamos así,

creando nuestros mundos,

con nuestros invitados,

y paisajes propios,

mundos nuestros y de nadie más.

Pero luego algo pasa,

oyes gritos que te dicen –a veces desesperados y otras veces francamente molestos-,

que eso no puede seguir,

que la realidad no es como la imaginas,

que dejes todo eso,

que soñar es perder el tiempo,

que no estás solo en el mundo,

que hay algo que se llama realidad y que no hay remedio,

que ahí hay que vivir…

Entonces todo se borra,

se desmoronan los palacios y tus historias pasan a ser solo fantasías

Insisten en que soñar es perder el tiempo.

Y una mañana cualquiera, despiertas en otro mundo

con otras personas al lado,

y un horario establecido

Y metas que cumplir,

tienes que madurar, dicen…

Pero no siempre es así,

he de confesar que yo guardé un poco de ese mundo,

fue muy rápido,

así que lo puse en un envase muy frágil

que quieres, era lo único que tenía a la mano

así que tome un poco de ese mundo construido durante años y años

y lo puse ahí.

Ahora lo cuido mucho,

porque en cualquier momento podría perderse,

reventarse el envase,

Y entonces estaría condenado a vivir en la realidad el resto de mis días.